Cristo Te ama =4 Minutos

Oración del Diezmo

Recibe Señor, mi ofrenda. No es una limosna, porque no eres mendigo. No es un aporte, porque no lo necesitas. No es el resto que me sobra que te ofrezco.

Este monto representa, Señor, mi reconocimiento, mi amor.
Pues si lo tengo es porque tú me lo diste. Amén

Reflexiones

Reflexiones

Monday, April 25, 2016

EL CORAZÓN DE LA SANDÍA

Cuando era chico, la sandía en Minnesota era una exquisitez. 
Un compañero de mi padre, Bernie, era un próspero mayorista de 
fruta y verduras que tenía un depósito en St. Paul.

Todos los veranos, cuando llegaban las primeras sandías, 
Bernie nos llamaba. 
Papá y yo íbamos al depósito de Bernie 
y tomábamos posiciones. Nos sentábamos en el borde 
del muelle, con los pies colgando, y nos 
inclinábamos, minimizando el volumen del jugo que 
estábamos a punto de derramarnos encima.
Bernie traía su machete, abría nuestra primera sandía, nos 
alcanzaba a ambos un gran pedazo y se sentaba
junto a nosotros.
Entonces enterrábamos la cara en la sandía, 
comíamos sólo el corazón - la parte más roja -, 
jugosa, firme, libre de semillas y perfecta - y
tirábamos el resto.
Bernie era lo que mi padre consideraba un hombre rico. 
Siempre pensé que se debía a que era un hombre 
de negocios de mucho éxito. 
Años después, me di cuenta de que aquello que mi padre admiraba en la 
riqueza de Bernie era menos la sustancia que su aplicación. 
El sabía cuándo dejar de trabajar, reunirse con amigos y comer sólo el corazón de la sandía.
Lo que aprendí de Bernie es que ser rico es un estado de ánimo. 
Algunos de nosotros, al margen de cuánto dinero tengamos, "nunca" seremos lo bastante libres como para comer SÓLO EL CORAZÓN DE LA SANDÍA
Otros son ricos sin tener más que un cheque de 
sueldo por delante.
Si uno no se toma el tiempo para dejar que los pies cuelguen sobre 
el muelle y disfrutar de los pequeños placeres, 
su carrera probablemente será abrumadora.
Durante muchos años, me olvidé de esa lección que aprendí de chico 
en el muelle de carga. 
Estaba demasiado ocupado haciendo todo el dinero que podía.
Afortunadamente, la volví a aprender.
Hoy tengo tiempo para alegrarme con los éxitos de los demás 
y para disfrutar de cada día.
ESE ES EL CORAZÓN DE LA SANDÍA. 
He aprendido a arrojar el resto.
¡ Por fin soy rico !

Fr. Tomas Del Valle-Reyes
Descubriendo el Siglo 21/Discovering 21 Century
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