Aún estamos en la resaca que nos dejó la visita de Benedicto XVI. Han sido unas jornadas llenas de amor, respeto, energía y ánimo para seguir adelante. Ha hecho realidad la petición del Señor Resucitado a Pedro: “apacienta mis ovejas, conforta a mis hermanos” Pedro ha estado entre nosotros animándonos y sanándonos.
Permítanme ahora hacerles una petición muy personal.
Muchas veces han recibido nuestros correos pidiendo una cadena de oración por alguien enfermo, solo, desesperado. Ahora me permito pedirles una oración por una persona que está llegando al final del camino de la vida. Tuvo que luchar duramente en la vida. Sufrió los terribles horrores de la guerra civil española y, lo peor como ella comentaba, la postguerra. Fueron años difíciles, llenos de dolor y tristeza. Finalmente pudo formar una familia. Venía de una grande y grande fue la que formó. Tuvo nueve hijos de los cuales sobrevivieron siete. Seis mujeres y un varón. Con generosidad se desprendió de su hijo para que sirviera al Señor. Cuando empezaba a disfrutar de la vida, su esposo muere repentinamente. Aún quedaban cuatro hijas en la casa. Luchó con y por ellas para que siguieran adelante. Se quedó sola cuando todos fueron dejando el nido materno. Pero siempre hubo una sonrisa, un calor, un favor hecho. Junto a ella aprendimos la sabiduría de la vida. Nunca le tuvo miedo a la vida. Ahora es como una velita que se va apagando. Va perdiendo la memoria. El doctor les ha dicho a sus hijas que le están dando pequeños derrames cerebrales que le hacen perder sentido a la vida. Está esperando que su hijo esté cerca y se pasa preguntando por él y cuándo llega.
Les ruego una oración. Una oración para que el Señor la ayude acompañe en estos momentos próximos al final de una larga vida. Una oración por sus hijos para que puedan serenamente aceptar la voluntad de Dios y reconozcan la herencia que les han dejado tanto su padre como ella ahora. Esta mujer es mi madre. Por favor, recen por ella
P Tomás